Lugar: Avenida Isaac Albéniz, 3, 3º A1. Torrox, Málaga.
Inauguración: Sábado 26 de septiembre, 11.30 h
Horario: Con cita previa en el + 34 620 565 813 o eldevenir@gmail.com. Entrada gratuita.
Simon Zabell (Málaga, 1970) después de estudiar Pintura y Escultura en la Facultada de Bellas Artes de la Universidad de Granada, desarrolló un interés por los efectos de la narratividad sobre la pintura y la instalación, lo que le llevó a estudiar el Máster de Escenografía con Philip Prowse en la Slade School of Fine Art de Londres. Desde entonces ha trabajado utilizando mayormente la pintura, la escultura y la instalación para desarrollar proyectos con un fuerte carácter escenográfico.
Zabell es profesor del departamento de escultura en la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Granada además de impartir numerosas conferencias y talleres sobre arte y creatividad.
Ha realizado numerosas exposiciones individuales en galerías e instituciones en España, Reino Unido y Suecia. Su obra también ha podido verse en ferias de arte contemporáneo internacionales como ARCO Madrid, Artesantander, SCOPE London o VOLTA NY, entre otras.
“FONDO Y FOLÍA”. 2026. Simon Zabell. Óleo sobre lienzo, 200 × 170 cm.
HOJA DE SALA
Diez y nueve años había vivido como quien sueña: vivía sin ver, oía sin oír, se olvidaba de todo, de casi todo. Al caer, perdió el conocimiento; cuando lo recobró, el presente era casi intolerable de tan rico y tan nítido, y también las memorias más antiguas y más triviales (…) Estos recuerdos no eran simples; cada imagen visual estaba ligada a sensaciones, musculares, térmicas…
Jorge Luis Borges «Funes el memorioso», 1944.
La folía nació como una danza ibérica indómita, tan frenética, que en el siglo XVI se asoció directamente con la locura -de ahí que su parentesco etimológico remita a folie. Con el tiempo, esta celebración colectiva, se fue refinando hasta convertirse en una forma musical con un esquema armónico fijo, sobre el que compositores renacentistas y barrocos, construyeron variaciones con mesura y solemnidad. La tensión entre el desorden y la estructura conviven, pues, en una misma palabra.
En el caso de Simón Zabell, la folía se encuentra en el efecto visual y en la resonancia que producen sus obras, construidas mediante un lenguaje geométrico deliberado. Este lenguaje hace visible la preocupación que acompaña al artista desde los inicios de su trayectoria: utilizar la pintura y la escultura para activar un diálogo interior, una conciencia que opere más allá de la mera percepción del mundo que nos rodea. Lo que antes realizaba con el desplazamiento del lenguaje procedente de la literatura o la escenografía –valiéndose de módulos visuales autónomos, motivos figurativos o textos ilegibles- lo lleva a cabo ahora mediante la geometría.
Una de las razones de este cambio formal reside en la versatilidad y en el misterio que habitan en lo geométrico. Gracias a la geometría es posible crear la sensación de peso, de ritmo, o de fisicidad en las formas que el artista genera; trascenderlas a través de los pigmentos, y trasladarnos, por ejemplo, a arquitecturas atávicas por los rojizos contenidos en formas escalonadas, o a suntuosos escenarios por utilizar un fondo dorado, como el de los iconos. Justo por eso, la abstracción geométrica en el caso de Zabell no trae consigo una ausencia total de la mímesis, hay “apariencia de”, “sugerencia de” algo ancestral, austero y atemporal, aunque lo importante ocurra internamente.
En cuanto al acto de introspección que demandan estas obras, la geometría, en su condición omnímoda, también aparece como algo intrínseco al devenir del sujeto en determinados procesos internos… como cuando las imágenes emergen en períodos de alucinación, trance o meditación, o las figuras que fluctúan -como patrones ocres y naranjas- mientras los ojos están cerrados. En palabras del artista: a este lado de los párpados también hay paisajes, aunque no se puedan mirar. (…) La mayoría de las ideas susceptibles de ser convertidas en obras plásticas, se esfuman en el instante de que uno lo intenta, como si se negaran a ser fosilizadas como artefactos en un mundo que va a seguir fluyendo.
A todo ello, se suma la impronta de una huella digital lejana en el tiempo, de formas -geométricas- que parecen nacidas de lo tecnológico, pero la representación del trazo continuo de la diagonal, la presencia del gesto sobre la tela, la visibilidad del proceso de creación con volúmenes casi escultóricos, o la presentación del fondo y la forma como un único acontecimiento visual, descubren que se trata de un moderno trampantojo.
Concebir la pintura no es crear colores en una superficie, sino situar materiales en ella; cada material es una piedra molida y extendida, algo arqueológico, que Simón Zabell reivindica y que, con su obra, pretende seguir cuidando para que esta idea de perdurabilidad no desaparezca. Un retorno a las sensaciones no es nostalgia, sino una estrategia para una vida más vivible.
María Jesús M. Silvente
“BABYLON BACHATA”, 2021. Simon Zabell. Óleo sobre lienzo, 150 x 180 cm.
“WORDS LONG WRITTEN”, 2022. Simon Zabell. Óleo sobre lienzo, 155 x 195 cm.
“RAGAMUFFIN”, 2021. Simon Zabell. Óleo sobre lienzo, 140 x 150 cm.
“CLUB CALYPSO”, 2021. Simon Zabell. Óleo sobre lienzo, 100 x 120 cm.
“TAKE ME TO THE RIVER”, 2021. Simon Zabell. Óleo sobre lienzo, 155 x 195 cm.
“CALL AND RESPONSE”, 2021. Simon Zabell. Óleo sobre lienzo, 100 x 80 cm.
“I CAN AND SHALL OBEY”, 2022. Simon Zabell. Óleo sobre lienzo, 70 x 70 cm.
“WORKSONG”, 2021. Simon Zabell. Óleo sobre lienzo, 50 x 61 cm.
“DOGEAR A BOGALOO”, 2021. Simon Zabell. Óleo sobre lienzo, 54 x 65 cm.
“RESPONSE”, 2022. Simon Zabell. Óleo sobre lienzo, 55 x 45 cm.
“TRADE WIND TAP DANCE”, 2021. Simon Zabell. Óleo sobre lienzo, 39 x 56 cm.
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